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Lola Mora: la Nereida del Plata


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Lola Mora


Alicia Romero, Marcelo Giménez

(sel.)


MANRIQUE, Andrés. “Lola Mora: la Nereida del Plata”

http://www.temakel.com/oslolamora.htm
Lola Mora (1867-1936): escultora con un estilo de especial singularidad. No sólo fue particular su talento, su vigor creador. También fue singular el contexto histórico donde se plasmó su creación: la Argentina de comienzos del siglo XX, donde la mujer no era reconocida en sus dotes creadoras. Lola Mora debió entonces manifestar un doble poder: la fuerza específica de la creación y su temple o fortaleza psicológica para arremeter contra prejuicios y obstáculos. En ambas playas de su existencia, Lola fue ígnea, resplandeciente. Hacedora de una obra solar. Los fulgores de su magia rebullen en sus estatuas que actualmente laten en la provincia argentina de Jujuy, o en el Cementerio de la Recoleta. Y también en su grupo escultórico más célebre: Las nereidas, en la ciudad de Buenos Aires.

Discutida, innovadora, contestataria, de avanzada. Rasgos que transformaron a “la tucumanita” Dolores Mora De La Vega en la primera escultora argentina. Mujer que a fines del siglo XIX se abrió el camino a martillazos, empuñando el pincel que trocaría por cincel, escandalizando a la sociedad, pero más fatalmente a su clase tradicional-machista. Otro genio artístico que murió marginado por la mentalidad que no admitía la expresión de la mujer en público. Pintora y escultora inmortalizada en su obra. Afortunadamente descubierta por unos pocos, aprovechó las oportunidades de una beca que ganó para estudiar en Roma, donde abriría las puertas del gran salón de artistas hacia la cima del arte. Adelantada a su época, la popularidad le llegaría póstuma y varias generaciones tendrían que pasar para que se le reconociera el indubitable peso que tuvo y tiene para el arte argentino y mundial.



Aclaraciones históricas


Recién hoy, gracias a su sobrino bisnieto, biógrafo que desde hace 29 años investiga, busca y archiva todo lo concerniente a su bisabuela, comienzan a esclarecerse algunas escenas de su vida que el correr del tiempo y la envidia e incomprensión de los hombres se habían empeñado en deformar. Las diversas biografías escritas se contradicen y las fechas de la vida privada de la artista son ambiguas y confusas. Por un error repetido en el tiempo, en memoria de la escultora, el Congreso de la Nación Argentina ha instituido por ley 25.003/98, la fecha falsa de su natalicio –17 de noviembre de 1866–, en el “Día Nacional del Escultor y las Artes Plásticas”. No se conoce con seguridad el sol exacto que la vio nacer, sin embargo, resulta más veraz observar los documentos de la Parroquia en que fue bautizada para establecer una fecha más próxima a su nacimiento. En su acta bautismal observamos que Dolores Mora recibió el sacramento en la iglesia de San Joaquín, localidad de Trancas. Allí, avalado por una documentación ajada y amarillenta, el cura José Torres la bautiza el 22 de junio de 1867, declarando que la criatura tiene dos meses de edad.

Florecimiento


La valva se abre el 22 de abril de 1867. De ella surge Dolores Mora De La Vega, quien trascendería como Lola Mora. En medio de reyertas interprovinciales, Lola es el cuarto hijo de los siete que Regina De La Vega, terrateniente boliviana de la región de Tarija, tiene con Romualdo Mora, abogado y estanciero. Ve la luz en una inmensa casa colonial de Trancas, zona limítrofe entre las provincias de Tucumán y Salta. Todas las fuentes (documentos y declaraciones de la artista) prueban que es tucumana. Sin embargo, el amor y orgullo de los salteños la siguen reclamando. De su infancia poco ha quedado, tan sólo que creció en "(..) el Jardín del universo, en cuanto a la grandeza y sublimidad de su naturaleza."(1), donde asiste al Colegio del Huerto, sólo para chicas de clase alta y con atención casi exclusiva. Sus calificaciones en los boletines la destacan, y en su último año obtiene 20 sobre 20 en todas las materias. Mientras Lola mantiene sus inquietudes puertas adentro, como pasatiempos, la oposición de sus comprovincianos no resuena. Pero pronto, demasiado rápido, las críticas y los rumores llegan. Lola tiene dieciocho años. Sus ojos negros brillan de inquietud, necesita expresarse; transmitir más que lo que puede conversar con sus hermanos y hasta con su predilecto, Alejandro. Está en la búsqueda de un lenguaje cuando muere su madre de neumonía. Todavía con lágrimas en las mejillas, apenas dos días después, un infarto mata al padre. Corre el año 1885 y, en menos de una semana, los siete Mora han quedado huérfanos; dueños de tierras administradas por su padre, que ellos ni siquiera conocen. Solos, sin una persona mayor a su lado y sin apellido de linaje, los buitres empiezan a arrancarle pedazos.

La incursión artística


En 1887, llega a la provincia su primer maestro, el pintor de retratos Santiago Falcucci, que enseña en el colegio de hombres. Lola empieza a tomar clases particulares. Las sospechas de la relación entre la joven y el pintor dan que hablar, y los rumores comienzan a difundirse. Pero Lola pinta, dibuja, dibuja y pinta, absorbiendo de su maestro el estilo neoclasicista y romántico, corrientes que navegará toda su vida. El retratista no le cobra, y en 1894 la Sociedad de Beneficencia, bajo la dirección de Falcucci, organiza una exposición. La sociedad se opone a que el pintor exponga las obras de una mujer, pero él sabe que es su mejor alumna. Finalmente, Lola logra imponerse con algunos paisajes, retratos y naturalezas muertas. La calidad técnica la hace brillar entre los expositores. Esto le trae un sinnúmero de críticos que relegan la sensibilidad expresiva de la mujer, al bordado doméstico. Sólo un año después, gracias a la insistencia de su maestro, expone 25 retratos de gobernadores firmados Lola C. Mora e impresionan tan bien que, a regañadientes, la provincia no puede más que comprárselos a $5000. 

Con el pincel por Europa


Falcucci la empuja del nido provinciano, la impulsa para que abra sus alas y le recomienda que viaje a Buenos Aires. Lola Mora y su hermano Alejandro, venden las tierras que han heredado y se dirigen a Buenos Aires. Allí, la ley 3411 del 29/09/1896 le otorga, por concurso, una subvención de $100 oro durante dos años para perfeccionar sus estudios de pintura en Europa. Con una carta de recomendación de Dardo Rocha (el fundador de La Plata que conocía a Romualdo Mora), llega a Roma a los 30 años para seguir con la pintura. En Italia, instada por Falcucci, busca a Francesco Paolo Michetti, uno de los más destacados y herméticos pintores italianos. Éste la rechaza, pero ella le dice que el gobierno de su país la ha becado para estudiar con él y que si se niega, romperá la beca y retornará a Buenos Aires. En ese momento, saca la beca y comienza a partirla. El pintor, impresionado por el gesto, le contesta que si ella es tan tesonera en el arte como lo es en la vida, va a llegar a grande. No obstante, le pone dos meses de prueba como límite para que le demuestre su capacidad. Así, se convierte en el primer y único discípulo de Michetti. La subvención vence, pero el 20 de septiembre de 1898, Lola recibe una carta de puño y letra del presidente argentino Julio A. Roca dirigida al ministro de Italia, que dice: "Con el placer de siempre correspondo a su muy atenta última. Los deseos que usted me manifiesta, referentes a que la Señorita Dolores Mora, continúe percibiendo la subvención que tiene actualmente, para continuar sus estudios en esa capital, serán satisfechos (...)" Michetti le sugiere tomar algunas clases de escultura para que perfeccionara el manejo de perspectivas y sombras en la pintura. Lola se acerca a las miniaturas esculpidas por Costantino Barbella. Entonces, la cerámica y el mármol despiertan su vocación auténtica. Se presenta ante Michetti que escucha boquiabierto la fascinación que la escultura ha despertado en su alumna. Durante seis meses alternará la pintura con la escultura. Barbella, impactado por los rostros y torsos que su alumna modela, decide hacerle una exposición. Allí acude Julio Monteverde, el famoso escultor que no bien conoce la obra de la tucumana, ofrece convertirse en su maestro. Monteverde la introduce en la perfección armónica del arte clásico y seis meses después, se convierte en Su alumno: La Alumna. 

El despertar de la vocación


Las emociones de la nueva técnica que reemplazan la quietud del retrato y las posibilidades restringidas del plano bidimensional, la envuelven en la lucha con la materia. Indistintamente, se relaciona con la nobleza del mármol, el bronce, la arcilla, la cerámica, el yeso y la piedra. Cambia el pincel por los cinceles. No pintará más.

El reconocimiento


Con el busto de una campesina obtiene el primer premio en el “Palacio de Bellas Artes de Roma”. Meses después, gana el concurso “La Promotice” que la convierte en el primer artista no italiano que triunfa en dicho certamen. Sigue cosechando éxitos durante 1899 y, casi a fin de año, obtiene la medalla de oro en la exposición de París. Su nombre se impone en Europa y el debut postergado por la clase conservadora tucumana, lo goza en la pomposa corte italiana. Trabaja febrilmente por encargo de familias nobles europeas. Su trabajo es bien remunerado y comienza a amasar su fortuna, pero Lola desea el triunfo en su país, donde su obra escultórica aún era desconocida. Disconforme con la sujeción a lo estrictamente clásico, insatisfecha, desea expresar sus inquietudes y con el producto de las primeras ventas viaja por los talleres de escultores franceses, españoles y alemanes. Conoce la obra de Delacroix, de Ticiano, de Rubens. La belleza helénica la cautiva. En 1900, a través de algunas notas que publican los periódicos y revistas de la época, comienza a difundirse su nombre por el Río de la Plata. El ministro de Obras Públicas de la Argentina le encarga dos bajorrelieves para adornar la casa histórica de Tucumán. Llena de entusiasmo, vuelve a Buenos Aires y le ofrece una fuente, por la que no cobraría honorarios, al intendente Adolfo Bullrich, quien la acepta sin mayores expectativas. De regreso a Italia, mientras se documenta para modelar los bajorrelieves con motivo de las fiestas patrias del 25 de mayo de 1810 y del 9 de julio de 1816, Lola rememora sus paseos por Europa. Como en calidoscopio, acuden a su fantasía las innumerables fontanas que había recorrido. Mientras sus pequeñas manos modelan el rostro de Laprida y los hombres de mayo para el bajorrelieve, distintos personajes de la mitología cobran fuerza en su interior, y boceta la fuente que haría historia: la primera obra pública de autora femenina inaugurada en Buenos Aires. Poco a poco, los pedidos van colmando sus horas de trabajo y tiene que ampliar su taller romano. Sigue ganando importantes sumas de dinero con los bustos y obras que realiza por encargo de las clases acomodadas de Europa. Con el estímulo económico, en los momentos en que sus manos descansan del cincel, proyecta su casa que construirá en la calle Dogali nº 3 en Roma. Su infatigable inspiración creadora dibuja desde el detalle de los pisos hasta el intrincado artesonado de los techos y molduras. Pegado a la casa, construye el taller en el que albergará a tres ayudantes.

Las paradojas


Una latinoamericana, tucumana, escultora profesional -que vive de eso-, amiga de artistas, independiente, radicada en Italia y habitualmente rodeada de hombres: una perfecta prostituta para la ceguera intolerable del conservadurismo rioplatense. Así, mientras Europa la aplaudía, Buenos Aires escribía las cosas más ofensivas contra ella. A su taller se acercan artistas y nobles, como la Reina Elena y la Reina Margarita, mientras la Buenos Aires puritana, sigue lanzando sus diatribas contra la tucumanita presumida que con bombachas de campo sueltas y bajo una boina trabaja con sus ayudantes en la gran fuente.

Desde Filadelfia le ofrecen una importante suma de dinero por la fuente, pero la rechaza porque la quiere en su país, que apenas le había pagado la materia prima y el trabajo de sus operarios. Mientras, prepara el boceto de un monumento a la reina Victoria organizado en Melbourne, Australia (aún colonia británica). Gana el concurso, pero le imponen la condición de que se haga ciudadana inglesa si quiere esculpirlo. Lola Mora, fiel a su ciudadanía Argentina, rechaza el premio. El 21 de mayo de 1903 se descubre en el Paseo de Julio (actual Leandro Alem) "La fuente de las Nereidas". La escultura, símbolo femenino en medio del machismo porteño. Escultura que inaugura el desnudo en la estatuaria porteña. Ejemplo que paulatinamente irá levantando la barrera del sometimiento que pesaba sobre la mujer. Obra que instala a su creadora entre los más grandes artistas que en la historia de occidente habían representado a la diosa del amor y la belleza; ocupando un lugar entre Boticelli, Velázquez y Cabanel. Al año siguiente, con el seudónimo de Tupac-Amaru, gana el concurso para el monumento al Zar Alejandro I, en la ciudad de San Petersburgo. Pretenden que se haga ciudadana Rusa, pero la artista, fiel a su ciudadanía, rechaza la obra. El gobierno de Buenos Aires le cede una sala del Congreso, aún en construcción, para que esculpa las figuras que lucirían al frente del mismo. Allí, dentro de un salón vacío y frío, sin descanso, cobran forma “La Libertad”, “La Justicia”, “La Paz”, “El Progreso”, entre otras alegorías que gesta y desea terminar antes de la inauguración del edificio parlamentario en 1906. Los estandartes diseñados por el arquitecto Víctor Meano son temporalmente ocupados por las grandiosas figuras. De este modo, tres años después del escándalo que provocaran los desnudos de la fuente, Lola Mora vuelve a insistir, manifestando la muy sugestiva anatomía de “La Paz”, con un pecho al descubierto, mientras el resto de sus figuras son apenas tocadas por un fino velo que transparenta la plasticidad del cuerpo. Pocos años después, las discusiones partidarias de la oposición ganan sobre el oficialismo y las figuras calificadas por el ministro de Obras Públicas como: “(...) esos mamarrachos que (...) encuentro tan malas como los señores diputados; pero ese inconveniente proviene de que se han encargado a artistas que no estaban a la altura de los trabajos que se les había encomendado.”, son trasladadas a unos galpones municipales, dejando hasta la actualidad el vacío que sostienen los pedestales. 



El fugaz casamiento


Por esos años, conoce a su futuro esposo: Luis Hernández Otero, joven de 27 años e hijo del Senador de Entre Ríos. Regresa a Europa y cosecha amigos en el “Caffé Greco”. Allí conoce al dramaturgo y poeta D´Annunzio, quien la introduce en el mundo de la intelectualidad de Italia, Francia, España y Alemania. En 1909, Lola Mora vuelve a Buenos Aires y se casa con Luis Hernández, quince años menor que ella. Tal es la vergüenza para los Hernández, que el Senador y su mujer no concurren al casamiento. Lola, de 42 años, coqueta y orgullosa, se saca diez años y declara 32 para el registro. Viajan a Europa de luna de miel e introduce a su marido en la bohemia intelectual. Al poco tiempo, encontramos a la escultora trabajando sola en Buenos Aires. El matrimonio, incompatible con los ambiciosos e indoblegables anhelos de Lola, fracasa. Corre el año 1915 y el golpe de la muerte de Paula, su hermana mayor, casi madre, se suma a la infidelidad de Luis Hernández, quien la engaña con otra mujer. Dos años después, muere su gran maestro, Julio Monteverde. Lola Mora se despide de Roma para siempre. Y para siempre deja a su marido, bien instalado con su amante en el palacio de la vía Dogali, el hogar que ella había diseñado íntegramente.

Vuelve a sus tierras


Las discusiones sobre la fuente vuelven a retumbar en Buenos Aires. Políticamente se decide el traslado. Lola Mora quiere hacerlo porque es la única que sabe desarmarla sin que se rompa en pedazos. Además, paga el traslado hasta la Costanera Sur, donde se encuentra actualmente. En 1919, un nuevo cachetazo. Muere Regina, otra de sus hermanas.

Experimentaciones


Dolorida, triste y marginada, el ostracismo porteño la vence por cansancio y abandona la escultura, pero incurre en otros campos. Proyecta un túnel subfluvial que comunicaría las inmediaciones de la casa de gobierno hasta el balneario Municipal y la avenida Costanera Sur. Planos diseñados para el tránsito de tranvías y peatones. El proyecto no se lleva a cabo. Compra una casa en la calle Rincón 344 y al año siguiente la encontramos asociada con Domingo Ruggiano, embalada en la proyección de películas al aire libre. Para ello, instalan el proyector detrás de una pantalla a la que le agrega elementos químicos fluorescentes para realzar el brillo y contraste de la imagen para que no tuvieran que oscurecer el ambiente. Este proyecto sienta los antecedentes del tubo del televisor, pero siguiendo su mala racha, también fracasa. Su último proyecto, tal vez el más ambicioso, lo realiza en Salta. Investiga las tierras de la provincia con los principios de minería que manejaba desde sus estudios como escultora. En busca de petróleo, dilapida los restos de su fortuna en las tierras que obtiene para la exploración, convencida de que encontrará fluirá el oro negro bajo las rocas bituminosas del norte.

Directora de Parques y Paseos


Es el año 1924 y el gobernador de Jujuy, Benjamín Villafañe, viaja a Buenos Aires. Ahí, a la busca de fondos para su provincia, le pide al gobierno Nacional alguna obra que les sobre, para embellecer su provincia. Le dejan revisar los galpones y se encuentra con las figuras de Lola Mora. El gobierno se las cede y las carga en un tren a Jujuy. El gobernador se entera de que su autora está por esas tierras, haciendo exploraciones. La convoca y Lola dirige el emplazamiento de sus esculturas en los alrededores de la gobernación jujeña. El gobernador, encantado por su trabajo, la nombra Directora de Parques y Paseos, primero y único cargo político que desempeña durante un año, en el que aprovecha para diseñar algunas plazas de la ciudad.

La epopeya


Vuelve a Salta y durante tres años invierte hasta el último centavo en operarios que agota en vano. En 1927, sin dinero para pagarles el trabajo, el último obrero la deja. Soberbia y obsesionada, se queda sola, convencida de que logrará exprimirle a la montaña el chorro de petróleo añorado. No tolera el fracaso. Pasan los días y sigue excavando. Está sola. No come ni bebe. Consigo misma, en la aridez de la montaña. Los sesenta años le surcan la cara. Tres días después, un arriero la encuentra al borde de una senda. Está inconsciente. El hombre la lleva hasta la capital de Salta, donde el médico de guardia escribe en el diagnóstico: “Tiene hambre”. Se recupera y malvende las tierras perforadas. 

La vejez


Vive diez años en el “Plaza Hotel de Salta”, trabajando como maestra de italiano y francés. Un buen día, se encuentra por las calles salteñas con Juan José de Soiza Reilly, sensible periodista que ha llegado con una delegación artística para la inauguración del museo de Bellas Artes de Salta. Conversan durante horas y ella le confiesa la pérdida de todo su capital en la actividad minera, le describe un proyecto hidráulico que estaba elucubrando y le muestra un boceto de una fuente colonial para construir allí con mármoles de la región. Mientras, con gesto altivo, el rostro cruzado de arrugas que los soles y vientos norteños le han excavado, recordando las cuentas impagas de tantos mausoleos que jamás le han pagado, le dice: “No cuente usted nada. No escriba usted nada. Van a creer que me quejo. Nunca me he quejado, ni me doblé jamás” Como buen periodista, indiscreto relator, Soiza Reilly escribe una hermosa crónica pocos meses después, pidiéndole disculpas a la artista por su osadía. En 1934 vuelve a Buenos Aires con su equipaje: un bolso de manos en el que trae algunos planos y proyectos. Arrastra la soberbia de 67 años de lucha entre los hombres de su tierra que han hecho lo imposible por marginar su obra. Saturada por las frustraciones de los últimos años, se instala en el hotel “Italia-América” de la Avenida de Mayo. No avisa a nadie, pero como no paga las cuentas, el hotelero contacta a una de sus sobrinas, hija de Paula. En contra de Lola, que no quiere vivir de la caridad, se la lleva a su casa de la Avenida Santa Fé 3026. Vive un año de tranquilidad, rodeada por sus sobrinas. El 11 de enero de 1935 va hasta la Costanera Sur a visitar la fuente, una de las pocas criaturas que ha gestado su capricho. El calor del verano despierta una lluvia torrencial. Lola se queda embelesada frente a su obra. Mojada, como sus nereidas, fuera de sí, tal vez con ellas, un policía que pasa la saca de esa ensoñación. Son las 3.30 de la mañana y vuelve a su casa, sola. Sus sobrinas ya han dado parte a la policía, cuando Lola llega empapada. En mayo, el primer ataque cerebral la deja hemipléjica. Pasa unos meses en cama, atendida diariamente por Axel Bunzow, un médico vecino y amigo de la familia. Por las noches es cuidada por Adela Vega, una enfermera del Hospital de Clínicas. Un día, toca la puerta Luis Hernández Otero, su primer y único marido. Quiere verla. Una de sus sobrinas le avisa y, entre balbuceos, Lola le contesta: “Tírenlo escaleras abajo” El 4 de junio de 1936 tiene un segundo ataque cerebral que, insólitamente, no logra fulminarla. Lucha, fiel a su historia, implacablemente, hasta el dolor de los huesos. Tres días después, el 7 de Junio de 1936, la muerte apaga su última chispa de pasión.  

Bibliografía


HAEDO, Oscar Félix. Lola Mora. Vida y obra de la Primera Escultora Argentina. Buenos Aires: Eudeba, 1974.

UNIVERSIDAD NACIONAL DE TUCUMÁN (San Miguel de Tucumán). Guía de Tucumán. 1970.
SORICH, Antonio. “Lola Mora”

www.viasalta.com/NyNoticias/Historia/Lola%20Mora.htm
La ilustre artista universal conocida como Lola Mora nació en El Tala -Departamento La Candelaria (Salta)- el 17 de noviembre de 1866.

Fue la Primera Escultora Argentina y Sudamericana, pionera de la Minería Nacional, Inventora, Investigadora y Urbanista. Escritora y Precursora de la Cinematografía y la TV. Como artista fue laureada con tres premios mundiales en Francia, Australia y Rusia. En nuestro país, esculpió obras de singular belleza, entre ellas:



  • La Fuente de las Nereidas en Capital Federal, Costanera Sur.

  • El grupo escultórico del que sería el Segundo Monumento a la Bandera Argentina, hoy parte del tercero y definitivo, erigido en la Ciudad de Rosario Provincia de Santa Fe.

  • En la Provincia de Jujuy: las estatuas de La Justicia, El Progreso, La Paz y La Libertad (emplazadas alrededor de la Casa de Gobierno) El Trabajo (frente a la estación ferroviaria) y Los Leones (en Ciudad de Nieva).

  • Estatua del Dr. Facundo de Zuviría (Jardines de Lola Mora, Parque San Martín, Ciudad Salta).

  • Algunas de las obras fundidas en bronce para el Monumento 20 de febrero (Ciudad de Salta) se realizaron en París, bajo su supervisión artística.

  • En la localidad de El Tala (Departamento La Candelaria, Salta) está su Casa Natal -declarada Monumento Histórico Nacional- y en el Cementerio de dicho Municipio, la primera lápida de que es autora, erigida en memoria de Don Facundo Victoriano Zelarayán (primer jefe de la estación ferroviaria de la localidad).

  • También existen obras de su autoría, en las Provincias de: Tucumán, San Luis, San Juan, Córdoba, Mendoza, Corrientes, Buenos Aires y Capital Federal.

Lola Mora participó como contratista en la obra del tendido de rieles del Ferrocarril Transandino del Norte, más conocido como Huaytiquina, por donde hoy transita el mundialmente famoso Tren a las nubes (Provincia de Salta). Como urbanista, es autora del Primer Proyecto de Subterráneo y Galería Subfluvial de nuestro país, previsto para Capital Federal; y del trazado de calles de la Ciudad de Jujuy.

Falleció en Buenos Aires, el 7 de junio de 1936.

En memoria de la genial escultora, el Congreso de la Nación Argentina ha instituido por ley 25.003/98, la fecha de su natalicio -17 de Noviembre-, en "Día Nacional del Escultor y las Artes Plásticas".

Por su parte, la Comísión Interprovincial de Homenaje Permanente a Lola Mora, el 17 de noviembre de 1996, descubrió la Piedra Basal del "Monumento a Lola Mora", que se erigirá frente a los Jardines que llevan su nombre, en el Parque San Martín de la Ciudad de Salta. A la vez que desde 1995, viene organizando año tras año la "Semana de las Artes", que se celebra en simultáneo en El Tala y la Ciudad de Salta (del 17 al 23 de noviembre) con participación de todas las disciplinas artísticas y las Regiones del país bajo la denominación de Festival Nacional de las Artes "Lola Mora" (o Lola Mora Festival).



El Tala en la Región


Aspecto Político: De 1782 a 1814, el Noroeste Argentino constituía lo que se denominaba Gobernación Intendencia de Salta del Tucumán, cuya capital era la Ciudad de Salta. El 8 de Octubre de 1814, por Decreto del Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata -hoy República Argentina- la región fue dividida en dos territorios; creándose con la fracción norte -Salta, Jujuy, Orán, Tarija y Santa María- la denominada "Provincia de Salta", y con el desprendimiento sur la "Provincia de Tucumán" -que comprendía además de la hoy provincia del mismo nombre, la de Catamarca y Santiago del Estero.

Aspecto Religioso: Tucumán dependió eclesiásticamente del Obispado de Salta, que fue la tercera Diócesis del país -de 1807 a 1897-. El Tala no tuvo parroquia hasta principios de 1900. Por esta razón los bautismos se registraban en la parroquia de la localidad vecina de Villa Vieja de Trancas (Tucumán). El Curato de Trancas, al igual que la Iglesia Matriz de Tucumán y toda su jurisdicción, dependían en forma directa del Obispado de Salta. Recién en 1897 se produce la creación del Obispado de Tucumán.

La familia Mora-Vega


En 1829, Juan Rosa Vega era propietario de tierras en el Partido "Río del Tala" y tenía un sobrino, Benigno Vega, nacido en Tarija en 1795 (cuando ésta era parte de Salta, de 1782 a 1825). En 1833, Benigno Vega heredó la propiedad de su tío (2300 hectáreas) denominada "Tala", que en 1856 aparecía en el Censo Territorial del Departamento La Candelaria -donde también figura finca "Las Moras" (fracción del antiguo "Campo de los Mogotes" a nombre de Victorino Solá.

El 16 de junio de 1857, el Dr. Martín Güemes (nieto del prócer) decretaba que el Partido "Río del Tala", era jurisdicción exclusiva del Departamento la Candelaria (Provincia de Salta).

A mediados de 1857, llegaba desde San Miguel de Tucumán el Partido "Río del Tala", Romualdo Alejandro Mora, donde conoció a la salteña Regina Vega (hija de Benigno Vega y Paula Sardina) con quien se casó el 16 de marzo de 1859. radicándose en el lugar.

El martes 13 de marzo de 1860. Romualdo Mora fue designado Juez de Paz Titular, en el partido "Río del Tala". En agosto de ese año, adquirió "Campo de los Mogotes" y "Río del Tala" (cuyas escrituras se hicieran en 1869). También en 1860, nació en El Tala, la primera hija del matrimonio: Paula J. Mora. Al año siguiente en el mismo lugar, Ana Regina Mora; y en 1863, Alejandro Mora en igual localidad de Salta.

En 1864, Romualdo Mora fue nombrado Jefe Político del Departamento La Candelaria.

Casa Natal de Lola Mora - Finca "El Datil" - Localidad "El Tala"- Dpto La Candelaria - Pcia de Salta - Argentina.


Primer Censo de la Provincia de Salta (Año 1865/66)

Este Censo tuvo lugar cuando gobernaba la Provincia el Dr. Cleto Aguirre (3/8/64 al 3/8/66)

El 20/7/65 se censó el primer grupo de Departamentos de la Provincia.

El 20/10/65 se censó el segundo grupo.

El 20/3/66 se censó el último grupo de Departamentos; entre ellos, el Departamento La Candelaria. En este Departamento -en el Partido "Río del Tala"- aparecen censados: el abuelo Benigno Vega y todos los primos y tíos maternos de Lola Mora. También, Romualdo Mora, Regina Vega y sus tres hijos. Dolores Mora (Lola) no aparece aún, pero está en camino, pues habrá de nacer a fines de ese año. En prueba de ello, se muestran las planillas del Censo, existentes en el Archivo y Biblioteca Históricos de Salta.

Censo del Tala - Población Rural 1866 - Casa censada nº 176 - Flia. Cañavera - Figura en primer lugar Ramón Cañavera casado con Tránsito Sardina - Tíos abuelos de Lola Mora - además es la persona que le dió el bautismo de socorro en la finca donde nació como figura en el Acta Bautismal emitida el 22 de junio de 1867.

Censo del Tala - Población Rural 1866 - Casa censada nº 180 - figura en primer lugar el Sr. Benigno Vega - abuelo materno de Lola Mora y a continuación José Vega - tío de Lola. Abajo Casa censada nº 181 - Flia. Mora - Vega. Aparece en primer lugar Dn. Romualdo Mora, padre de la artista - casado con Regina Vega natural de El Tala. A continuación los hijos del matrimonio: 1. Paula o Pabla - 2. Ana Regina y 3. Alejandro Mora.

El sábado 17 de noviembre de 1866, nació en el Partido "Río del Tala"en finca "Las Moras" (fracción del antiguo "Campo de los Mogotes") Dolores Mora (luego, Dolores Candelaria Mora Vega) conocida mundialmente como Lola Mora. Finca que heredó la artista en 1896 (y que desde 1906, ensanchada con otras fincas linderas, pasó a denominarse Establecimiento Agrícola "El Dátil".

A cinco días de nacida, recibió "Bautismo de Socorro" por parte de su vecino en el Tala, don Ramón Cañavera (casado con Tránsito Sardina) laico autorizado a impartir este tipo de bautismo, cuando la criatura corre riesgo de muerte, o en lugares donde el cura raras veces llega.

Situación Político Militar en la Provincia de Salta en 1866/67


En agosto de 1866, asumió como Gobernador de la Provincia el Dr. José Benjamín Dávalos. Abril de 1867: en el sur de Salta (Departamentos de: Metán, Rosario de la Frontera y La Candelaria) se produjo una sublevación político-militar por parte de algunos grupos de los regimientos pertenecientes a la Guardia Nacional.

El 20 de abril, en La Candelaria, los sublevados del escuadrón de la Guardia Nacional, dirigidos por el tucumano Isidoro López, tomaron prisionero al Jefe Político, Mayor La Rosa; y las armas existentes en la casa del Jefe Militar, Coronel Fortunato Torres. El 21 de abril, dada la gravedad de la falta de Jefe Político y Jefe Militar del Departamento La Candelaria, se hizo cargo de la situación el Ayudante Mayor del Regimiento 12, Don Romualdo Mora, Jefe del "Escuadrón del Tala". Como debía enfrentar a cien sublevados y solo contaba con seis hombres, tomó dos decisiones: La primera, poner a salvo su familia, haciéndola cruzar el Río Tala hacia otra finca de su propiedad, situada en Trancas (en la vecina Provincia de Tucumán). La segunda, solicitar ayuda urgente a los Jefes militares de los departamentos salteños de Rosario de la Frontera y Guachipas.

El 22 de abril de 1867, Lola Mora, su madre y hermanos estaban al otro lado del Río Tala (Lola tenía cinco meses de edad).

El 24 de abril, Romualdo Mora envió carta desde la localidad de El Jardín (Departamento La Candelaria) al Gobernador de la Provincia de Salta, en la que le informaba todo lo sucedido y las decisiones tomadas.

La sublevación continuó hasta ser sofocada totalmente en junio; y Romualdo Mora, fue ascendido a Sargento Mayor de la Guardia Nacional de la Provincia de Salta.

A dos meses de llegada a la localidad de Trancas, el 22 de junio de 1867, Lola Mora recibió el "Bautismo solemne" (óleo y crisma) en la iglesia de San Joaquín de ese lugar (por falta de parroquia en El Tala) que le fue dado por el cura José Torres, quien en el acta bautismal omitió citar dónde nació la pequeña. Este hecho fue el que generó la confusión respecto a su lugar de nacimiento (y de allí, que se la haya tenido por tucumana).

Julio de 1867: la familia vuelve al lugar de origen y residencia permanente, el Partido del Tala (Dpto. La Candelaria-Salta).

En 1868, un gran brote de cólera afectó el Norte Argentino, y el Sargento Mayor Romualdo Mora fue designado en el Partido Río del Tala Jefe del Cordón Sanitario de la Frontera de Salta. En ese mismo año, fue nombrado elector para Diputados Nacionales en representación del Departamento La Candelaria; y también Juez de Paz Titular para dicha Jurisdicción. En años posteriores, ocupó además los cargos de: Comisario de El Tala, Sub Inspector de Escuelas del Departamento La Candelaria, y miembro del Concejo Municipal de dicho Departamento con asiento en El Tala.


Primer Censo Argentino (Año 1869)

Durante la Presidencia de Domingo Faustino Sarmiento, tuvo lugar el 15 de septiembre el Primer Censo de la República Argentina. En el tomo 330 del Archivo General de la Nación, correspondiente al censo realizado en Salta Capital, Cachi y La Candelaria, en el "Libreto de Censo" de la Sección Tala - Dpto. La Candelaria (Salta), sus padres declararon que la pequeña "Lola" (Dolores Mora) de tres años de edad, de sexo m (mujer), de nacionalidad argentina igual que todos sus hermanos, había nacido en dicha localidad de la Provincia de Salta. En prueba de ello, se adjuntan las fotos de dichos documentos, debidamente Certificados por el Archivo General de la Nación:



Bibliografía y Videografía consultada


HAEDO, Oscar Félix. Lola Mora, vida y obra de la Primera Escultora Argentina. Buenos Aires: Eudeba, 1974

CASTIÑEIRAS DE CAMPANELLA, María Luisa. Lola Mora en El Tala. Síntesis de su interesante vida. Río del Tala: 1982.

JURCICH, Milenko Juan. Lola Mora, el secreto de su sueño mineral. Salta: Universidad Nacional de Salta, 1991.

ALONSO, Ricardo. “El Espíritu geológico de Lola Mora". El Tribuno (Salta). 25 de enero de 1993.

SORICH, Antonio. “17 de Noviembre. Día Nacional del Escultor y las Artes Plásticas. Homenaje a Lola Mora”. Miradas (Salta). No 5, noviembre de 1996.

SORICH, Antonio. "La otra Lola Mora". Miradas (Salta). Nº 7, febrero marzo de 1997.

SORICH, Antonio. "Hace 100 años se colocó la piedra basal del Congreso Nacional. Homenajes a Lola Mora”. Miradas (Salta). Nº 14, abril mayo de 1998.

ARROZ, Alejandro (dir.). La otra Lola Mora. Pord.: Verónica Ardanaz. Buenos Aires: Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales, 1999. [Premio ATVC (categoría máxima) Cine Documental Argentino].

VITRY, Roberto. Mujeres Salteñas. Salta: Víctor Hanne, 2000.
COBIELLA, Nidia. “Lola Mora. 1866-1936”

http://www.redargentina.com/arte/LolaMora/lolamora.asp
Nació en territorio del Obispado de Tucumán, hoy Salta. No fue fácil para la artista imponer su arte, tuvo que luchar por conservar su lugar como artista mujer... Además sus desnudos fueron resistidos, conceptos propios de comienzos del siglo veinte, lo que la obligó a modificar bocetos y maquetas, y a cubrir un poco más sus proyectos antes de llevarlos a la piedra. Y fue puesta en duda su moralidad, sin asidero alguno. Y sus últimos años vivió en una extrema pobreza, hasta que poco antes de su muerte se le aprobara una pensión que no pudo disfrutar. Sus obras pueden encontrarse en distintos lugares de Argentina: en Jujuy, en Tucumán, en Santa Fe, en Buenos Aires. Trabajó especialmente el mármol de Carrara y el granito.

Su obra más famosa es la "Fuente de las Nereidas", 1900-1910, realizada en mármol de Carrara y granito rosado, conocida por los bonaerenses como "La fuente de Lola Mora", y después de muchas controversias y cambios de sitios, fue ubicada en la Costanera Sur, frente al Río de La Plata, siempre en Buenos Aires.

El Monumento a Avellaneda, realizado en granito (1908-1913) se halla en Avellaneda (provincia de Buenos Aires).

"El eco", detalle del Monumento a Aristóbulo del Valle, realizado en mármol de carrara, de 1906, se encontraba en el Zoológico de Buenos Aires.

Las estatuas del Mausoleo de la Familia López Lecube, realizadas en mármol, en 1912, se hallan en el Cementerio de La Recoleta, en Buenos Aires.

El texto publicado en un Fascículo del Centro Editor de América Latina sobre Escultores Argentinos del Siglo XX: Lola Mora (Nº 66), Buenos Aires, 1981, dice:


La famosa fuente

La escultora trabaja sin pausa. En su taller se suceden los bocetos y los estudios de los personajes históricos que habrán de animar los momentos que quieren recrearse: el 25 de Mayo de 1810 y el 9 de Julio de 1816. En el primero podía verse al pueblo agolpado frente al balcón del Cabildo, al que se asoman los miembros de la Primera Junta de Gobierno. En el que tenía como ámbito al Congreso de Tucumán, los congresales juramentados rodean la mesa que preside Laprida.

Para estos trabajos había realizado un profundo trabajo de documentación, que se traduce en una gran fidelidad histórica, con la única excepción de que ubica al general Roca, uno de sus más incansables benefactores, entre los congresales. Es fácil imaginar que, mientras debía sujetarse a una temática dada de alguna manera por el contenido histórico, Lola Mora buscaría en sus bocetos para la fuente una salida para lo que ella entendía como libertad de creación. Inspirada seguramente en las innumerables "fontane" de Roma.

Sabemos que hubo un primer proyecto que utilizaba a Nereo, dios de las profundidades del mar, como personaje principal del conjunto ~. Luego lo cambia -cosa habitual en ella que rehacía muchas veces sus bocetos- por la diosa Venus, a quien habían de servir de séquito las nereidas y tritones que imaginara en un comienzo. Todas las figuras lucían un desnudo total. Incluso en la resolución del desnudo de las nereidas, que habitualmente termina en la cintura, eligió la doble caída, que extiende ese desnudo hasta media pierna. No es de extrañar que desde el comienzo la fuente y su autora fueran objeto de resistencia y de ataques. En el año en que comenzaba el siglo XX, cuando Lola Mora acaba de llegar a Buenos Aires portadora de las maquetas solicitadas, se levanta por una parte de la población un escándalo que denuncia la colocación en la Plaza de Mayo de un conjunto de desnudos masculinos y femeninos "a veinte metros de la Catedral" .

A pesar de todo, el intendente Bullrich acepta en principio el boceto y el ofrecimiento de la fuente. Mientras tanto, hay interpelaciones al intendente cuestionando su facultad para contratar por 25.000 pesos la compra de la fuente. La interpelación deja bien en claro que no se pone en duda la calidad artística del monumento, sino el procedimiento de su contratación, que ha pasado por alto la aprobación del Concejo Deliberante.

La escultora ya estaba en Buenos Aires, recorriendo despachos y removiendo obstáculos para que el proyecto de la fuente pudiera llegar a feliz término. Otro de los inconvenientes con los que tuvo que luchar consistía en el  emplazamiento que se le daría. 

Descartada la ubicación en la Plaza de Mayo, se sugería como lugar apropiado para ella el barrio de Mataderos [zona prácticamente despoblada) o el Parque de los Patricios, que en esos momentos se estaba urbanizando. Terminó imponiéndose el criterio de un grupo de prestigiosos ciudadanos -Mitre entre ellos- que propusieron se la instalara en el Parque Colón, en donde hoy se cruzan Cangallo y Leandro Alem -entonces Paseo de Julio 6. Resuelto este punto y el pago de la suma de 5.000 pesos en concepto de saldo del costo de la fuente, Lola Mora se instaló en pleno Paseo de Julio, haciendo construir una cerca de madera que rodeara el improvisado taller, donde los sorprendidos transeúntes pronto pudieron contemplar a la escultora trabajando, rodeada de andamios, mármoles y operarios, llevando a cabo el acabado final de esa obra que le era tan querida y que tantos sinsabores le estaba costando.

Por fin, el 21 de mayo de 1903, tiene lugar la ansiada inauguración, con la presencia de Joaquín V. González, ministro del Interior, el intendente Casares y otras personalidades. La prensa es unánime al comentar, en las crónicas del día siguiente, la pobreza de la recepción oficial y, en contraste, el entusiasmo de la población que, en gran número, ovacionó a la escultora. Las fotos de la época la muestran, única mujer en el palco, entre todos los funcionarios y, terminado el acto, también sola entre el numeroso grupo de caballeros que la agasajó en el Club del Progreso.

Lola Mora había llevado a cabo su trabajo sin percibir por él más que el gasto ocasionado por la compra de los materiales. Un mes después de la inauguración, el Concejo Deliberante votaba la suma de diez mil pesos que debían entregarse a la escultora en calidad de "premio" por su trabajo. Reconocimiento tardío y escaso a sus largos desvelos, dictado seguramente por la repercusión popular y periodística a su labor.

Pasado el primer momento de entusiasmo, comienzan a publicarse juicios críticos: se duda de la autoría de Lola Mora, se enjuicia su moralidad, se la coloca en la picota, todo ello sin el menor asidero.

Aun cuando los ánimos se tranquilizaron pasado el tiempo la fuente había de sufrir aun otros cambios. En 1918 por sugerencia del francés Forestier, a quien se había encargado la urbanización del Balneario Sur, se traslada la fuente a su actual ubicación , casi al fondo de la avenida Tristán Achával Rodríguez, en la Costanera Sur, frente al río de la Plata. Muchos años después en 1971 el intendente de Buenos Aires tiene la intención de trasladarla a la intersección de la avenida Nueve de Julio y Santa Fe, pero el asunto fue técnicamente desaconsejado por fisuras que podían observarse en el mármol, y que se agravarían en caso de intentar mudarla de sitio.

Aunque en la base del grupo escultórico hay una leyenda que dice Fuente de las Nereidas, el pueblo de Buenos Aires la conoció siempre, desde su inauguración hasta hoy, como Fuente de Lola Mora.



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ROMERO, Alicia, GIMÉNEZ, Marcelo (sel.) [2005]. “Lola Mora”, en ROMERO, Alicia (dir.). De Artes y Pasiones. Buenos Aires: 2005. www.deartesypasiones.com.ar.


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