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Intervención de Mariano Rajoy Cumbre Mundial Médico-Enfermera Madrid, 15 de abril de 2011


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Intervención de

Mariano Rajoy
Cumbre Mundial Médico-Enfermera


Madrid, 15 de abril de 2011
Es para mí un gran honor, haber sido invitado a participar en la Cumbre Mundial Medico Enfermera que hoy os reúne en Madrid. Quiero agradecer especialmente al Dr. Juan José Rodríguez Sendín (Presidente del Consejo General de Colegios de Médicos de España) y a D. Máximo González Jurado (Presidente del Consejo General de Colegios de Enfermería) la oportunidad de poder dirigirme a vosotros.
Estimados presidentes de las corporaciones profesionales de médicos de Francia, Brasil, Alemania e Italia.
Estimados presidentes e las corporaciones profesionales de enfermería de EEUU, Portugal, Australia y Reino Unido.
Y, cómo no, mi agradecimiento a todos vosotros, profesionales sanitarios, amigos todos.
Deseo, en primer lugar, felicitar a la Organización Médica Colegial y al Consejo General de Enfermería por la convocatoria de esta Cumbre Mundial Médico-Enfermera para garantizar la seguridad de los pacientes y expresarles mis mejores deseos de éxito en su celebración.
También les agradezco su amable invitación para exponer en este centro universitario, que hoy nos da acogida, algunas reflexiones y propuestas desde la visión del Partido Popular.
De entrada quiero dejar constancia de nuestra plena coincidencia con los objetivos que motivan esta Cumbre:


  • Sostenibilidad del Sistema Sanitario.

  • Seguridad de los pacientes.

  • Humanización de los servicios.

  • Competencia profesional permanentemente actualizada.

  • Obligatoriedad o universalidad de la colegiación.

  • Control deontológico de la práctica clínica.

A todo ello me referiré seguidamente.


Queridos amigos, los Sistemas Sanitarios son un elemento básico del Estado del Bienestar y piezas fundamentales en el modelo social europeo.
Su vitalidad se mide por su capacidad de dar respuestas científicamente efectivas y socialmente adecuadas. Para ello su organización debe ser ágil y flexible. Tiene que estar atenta a los cambios en las necesidades de los ciudadanos y ser transparente a la población a la que tiene que servir.
A lo largo y a lo ancho del mundo, los Sistemas Sanitarios están buscando las respuestas a estos desafíos y en este momento de dificultades económicas también a los problemas de sostenibilidad financiera, particularmente agudos en algunos países.
Es cierto que en el mundo conviven modelos de Sanidad muy diferentes y no lo es menos que en España nos sentimos legítimamente orgullosos de nuestro Sistema Nacional de Salud.
Tenemos un buen Sistema Sanitario, valorado como uno de los de mayor calidad, según la Organización Mundial de la Salud.
Nuestra Sanidad pública cuenta con una amplia cartera de servicios, superior a la de otros países de nuestro entorno.
Los resultados clínicos están a la altura de los mejores y la dedicación cualificación de nuestros profesionales sanitarios merece general reconocimiento.
Tenemos que consolidar estos logros y seguir avanzando, porque es necesario para los pacientes, pero ésta no es una tarea fácil, porque la situación financiera está agravándose, generando una indeseable incertidumbre.
Pero también, además de la marca de la crisis económica, el sistema sanitario está afectado directamente por otros factores de índole social como son:


  • El crecimiento y envejecimiento de la población ocasionado por el fenómeno de la inmigración y por el aumento de la esperanza de vida.

  • El aumento de pacientes que presentan enfermedades crónicas.

  • El aumento de prestaciones sanitarias y a la expansión de servicios especializados con alto coste.

  • El aumento de la demanda asistencial, que se ha triplicado en los últimos años.

  • La falta de financiación.

  • La necesidad de combinar la atención sanitaria con la atención a la dependencia.

Cuando el Partido Popular llegó al Gobierno, a sanidad se destinaban 437 euros por persona y año. Y cuando nos fuimos del Gobierno superábamos los 1000 euros por persona y año. Sin embargo, el gobierno socialista no ha priorizado y por eso los expertos sitúan la deuda sanitaria por cercana a 15.000 millones de euros. Se podría decir que la deuda sanitaria continúa siendo el “síntoma” de una enfermedad para la que no se han aplicado aún soluciones.


Nuestra población ha experimentado un crecimiento próximo al 17% y, a medida que se amplía la esperanza de vida, aumentan las enfermedades crónicas y se incrementa el consumo de recursos sanitarios y la frecuentación en el uso de los servicios.
En el Consejo Europeo del pasado mes de marzo, los países de la Unión Europea reafirmaron sus compromisos para la aplicación de los objetivos principales del Pacto de Estabilidad y Crecimiento.
Entre estos objetivos, además de la mejora de la competitividad y del empleo y del fortalecimiento de los sistemas financieros, se consideró fundamental la sostenibilidad de las cuentas públicas, particularmente el gasto en Sanidad y en Pensiones.
Por eso, echamos de menos que el Gobierno al presentar en Bruselas el paquete de medidas para cumplir con el Pacto del Euro no haya dicho nada de nada de la Sanidad. Aun está a tiempo de corregir esa omisión y le instamos a que así lo haga.
La organización de nuestro Sistema Sanitario puede y debe mejorar para ganar en eficiencia. Hacen falta reformas estructurales para hacer sostenible nuestro sistema sanitario.
Desde el Partido Popular hemos venido haciendo propuestas a los sucesivos Ministros que han ocupado la cartera del Ministerio de Sanidad en los últimos años, verbalmente y por escrito, en contactos políticos y en sede parlamentaria, pero tengo que reconocer que con poco éxito.
Es inútil intentar que los problemas se resuelvan solo. Sirve de poco ignorar que entre 2000 y 2011 el número de ciudadanos cubierto por el Sistema Nacional de Salud ha crecido en más de 7 millones de personas.
Los problemas no han aparecido de repente. Anunciábamos en 2005 la necesidad de reformar el modelo de financiación de la Sanidad y denunciamos en 2010 que la reforma de ese modelo no iba a servir apenas para nada.
Estamos pues, ante un problema evidente de financiación, que, si no se resuelve, acarreará negativas consecuencias para la calidad asistencial.

Así lo hicimos ver cuando se debatió sobre un más que necesario Pacto por la Sanidad, pero el Gobierno eludió por completo esta crucial cuestión, sustituyéndola por un listado de buenos propósitos.


Es cierto que nuestras cuentas públicas viven un período de lamentables desequilibrios y también lo es que para salir del estancamiento económico y del paro, hace falta una política económica bien distinta de la que viene aplicando el Gobierno.
Una política económica capaz de generar crecimiento y empleo es la mejor base para una política sanitaria renovada, moderna, atenta a los cambios sociales y sostenible financieramente.
No creo que austeridad signifique, sin más, recortes. No creo que haber reducido el presupuesto sanitario en un 14% arregle la situación o que hayan seguido igual camino de reducciones presupuestarias el Fondo de Cohesión, el Plan Nacional de Calidad, las Estrategias de Salud o el Programa de Investigación Sanitaria.
Pero si creo que el camino hacia un nuevo escenario fiscal exige no solo suficiencia financiera, sino priorizar objetivos, evaluar resultados y gestionar los servicios con responsabilidad, eficacia y prudencia.
También creo que es necesario recuperar el espíritu y la letra de la Ley de Cohesión y Calidad del Sistema Nacional de Salud. Que impulsó en su día el Gobierno del Partido Popular, con el respaldo de todos los Grupos Parlamentarios.
Creo que hay que poner freno a las inequidades que sufren pacientes y profesionales en los diferentes sistemas sanitarios autonómicos.
Pienso que hay mucho por hacer y que hay que hacerlo con la complicidad y con el respaldo de los profesionales, de sus Colegios Profesionales y con la colaboración de los pacientes y de sus Asociaciones.
Vosotros, los profesionales sanitarios, sois el elemento central del Sistema Nacional de Salud. Habéis escogido una profesión que tiene un sentido intensamente vocacional y comprometido con el servicio a los demás. Además, vuestro trabajo mantiene o recupera uno de los aspectos a los que más valor damos los ciudadanos: LA SALUD.
Os habéis cualificado y formado durante muchos años, y los avances en la investigación biomédica os exigen una formación continuada superior al de otras profesiones para actualizar vuestros conocimientos.
Los servicios de salud tienen que facilitar la labor de los profesionales dentro de la organización y propiciar la innovación en las formas de gestionar la actividad clínica para lograr un mayor valor sanitario.
En 2003 y 2004 con la Ley de ordenación de Profesiones Sanitarias y con el Estatuto Marco, nosotros pusimos en valor la necesidad de avanzar en una reforma de los Recursos Humanos en el SNS.
Esa Ley, lleno un vacío normativo, estableció una hoja de ruta para dotar al sistema sanitario de un marco legal y unos instrumentos para una mejor integración de los profesionales en el servicio sanitario, garantizando su competencia y facilitando su corresponsabilidad en la mejora de la calidad asistencial.
Lamentablemente, como habéis podido comprobar, no ha habido ninguna voluntad de continuidad durante estos siete años, a pesar del amplio consenso con que se recibieron esas iniciativas.
Hay que avanzar en una mayor flexibilidad y en una mayor autonomía de gestión en un marco de trabajo interdisciplinar y con un sistema de desarrollo profesional homologado para toda España.
En suma, apostamos por recuperar el profesionalismo consustancial a la práctica clínica y la confianza mutua entre paciente y sus cuidadores, médicos y enfermeros.
Apostamos por la motivación y por desarrollo profesional. Esto implica buscar el mecanismo de reconocimiento social y económico de calidad del trabajo bien hecho y las competencias profesionales. Para eso hay que crear un sistema de incentivos individuales que valore capacidades, conocimientos y el compromiso de los profesionales con los objetivos de la organización en la que trabajan.
Un sistema que requiere partir de unos criterios únicos en todo el territorio nacional, para que todos los profesionales tengan los mismos derechos, requerimientos y posibilidades de promoción profesional y sean evaluados de la misma manera.
Para nosotros es imprescindible desarrollar una estructura organizativa participativa y descentralizada, que fomente la autogestión en un entorno de trabajo organizado por objetivos y por la evaluación de resultados, que propicie la innovación, la satisfacción en el trabajo de médicos y enfermeros y los mejores resultados en salud.
En los servicios públicos debemos avanzar hacia sistemas retributivos que recompensen el talento, el mérito, el esfuerzo y el desempeño personal; avanzar hacia unos incentivos que motiven no sólo para prestar una asistencia de calidad, sino también para la necesaria racionalización en el uso de los recursos sanitarios.
Estamos muy lejos de la senda de recortes salariales como los que ha impuesto el Gobierno a médicos y enfermeros.
Por el contrario, el Partido Popular propicia unas políticas de apoyo al desarrollo profesional, al esfuerzo en formación continuada, a los proyectos de investigación.
Un nuevo modelo de Atención Primaria, con un nuevo papel del médico de familia, con nuevas competencias, una nueva cartera de servicios y mayor utilización de las nuevas tecnologías, mejor coordinado con la atención hospitalaria será clave para dar futuro a nuestro Sistema Sanitario.

Compartimos con las Organizaciones convocantes de esta Cumbre Mundial la necesidad de un Registro Estatal de Profesionales Sanitarios y la obligatoriedad de la Colegiación en las profesiones regladas. Es este un compromiso que figura de modo expreso en nuestro Programa Marco para las próximas elecciones Autonómicas y Municipales, que además se formalizó ayer mismo en forma de iniciativa parlamentaria.


Quiero destacar de manera especial que los principios de buenas prácticas y códigos deontológicos, que los profesionales consensúan en el seno de los colegios profesionales, inspiran y guían la conducta de los profesionales en el ejercicio de la profesión.
Pienso, en definitiva, que los colegios y la colegiación obligatoria son un elemento clave para impulsar el profesionalismo, la toma de decisiones con autonomía y responsabilidad. Tienen un compromiso de servicio a la sociedad, que ejercen con sentido de equidad, integridad, honestidad y excelencia.
En este punto también querría recordar que en el Congreso y en el Senado venimos insistiendo en la necesidad de un Plan Estratégico de Recursos Humanos para el Sistema Nacional de Salud y para el ámbito sociosanitario. Con ello tratamos de que, por fin, se desarrolle la Ley de Ordenación de Profesiones Sanitarias, que impulsó el Gobierno del Partido Popular. Ley que ha estado “congelada” durante dos legislaturas por el Gobierno.
Nadie sabe que ha sido de la troncalidad ni de las áreas de capacitación específica. Nadie sabe qué piensa hacer el Ministerio en materia de acreditación de la formación continuada tras la reciente sentencia del Tribunal Constitucional.
Nadie sabe porque el Gobierno no acude al Foro Marco ni ha puesto en marcha la Comisión Consultiva Profesional, establecida en la Ley de Ordenación de Profesiones Sanitarias.
Tampoco sabemos que sucede con la aprobación del programa formativo de ciertas especialidades de enfermería, ni de la creación de la categoría de enfermero especialista, ni de la formación precisa en materia de indicación, uso y autorización de los medicamentos.
Otro tanto cabe decir de un posicionamiento claro en materia de colegiación obligatoria. Lo que se comenta desde el Gobierno es poco claro. Pedimos concreción.
Pues bien, voy concluyendo, desde el Partido Popular reiteramos nuestro compromiso con un futuro sólido y sin sobresaltos de nuestro Sistema Nacional de Salud, con un futuro que harán posibles las reformas estructurales, sobre todo la financiación y las que contribuyan a modernizar el papel de los profesionales sanitarios a flexibilizar y a hacer más ágil la organización y la gestión de la sanidad y a una cercanía mayor a los pacientes y a sus legítimas demandas de seguridad y de calidad asistencial.
Estamos ante una epata que hay que enfocar con realismo al mismo tiempo que con optimismo. Etapa de cambios y de incertidumbres, pero también de oportunidades, de estímulos, de mayor libertad individual y de mayor responsabilidad. Sin la ayuda de todos los profesionales y sin su participación, sería un camino problemático y lento. Pero confíanos en la vocación, sentido profesional y generosidad de aquellos que han escogido la Sanidad como un camino de servicio hacia los ciudadanos.
Creemos que existe, en el terreno de los principios un amplio consenso sobre las características esenciales de la sanidad que queremos y confiamos en nosotros, en los médicos y en los enfermeros, en vuestra vocación y profesionalidad para afrontar cambios que den frutos cuanto antes.
Sabemos que vosotros y vuestros Colegios Profesionales son claves del futuro de la Sanidad Española.
Muchas gracias.

Génova, 13 - 28004 Madrid. Telfs: (91) 557 73 58 / 59 / 60. Fax: (91) 319 02 81.





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